La villa de Cuéllar está situada sobre un collado, al noroeste de la capital Segovia.
Los estudios realizados por el profesor Ubieto Arteta dan a conocer el pasado histórico de la villa a partir del siglo X. En el 997 cayó en poder de Almanzor que la arruinó y se llevó a Andalucía a muchos habitantes en calidad de cautivos. Alfonso VI inició una repoblación a finales del siglo XI, cuya consecuencia fue el nacimiento de la Comunidad de Villa y Tierra, organizada y dirigida por el Concejo. Dentro de la demarcación territorial de este Concejo se encontraban otras localidades que se unían para determinar los temas agrarios y el aprovechamiento de pastos y agua. En el año 1184, Alfonso VIII reunió Cortes en Cuéllar en una de cuyas sesiones armó caballeros a varios pretendientes entre los que se encontraba el conde de Tolosa.
En el siglo XIII la villa resultó ser una de las poblaciones más importantes de la meseta norte. La producción de lana dio lugar al desarrollo de una floreciente economía que impulsó entre otras cosas la construcción de nobles edificios y de un gran número de iglesias mudéjares. La construcción de iglesias más el mobiliario de las mismas era siempre consecuencia de riqueza y bienestar económico. Además el 21 de julio de 1256, Alfonso X el Sabio otorgó a la villa el Fuero Real además de numerosos privilegios a los caballeros y al Concejo. Doña María de Molina, esposa del rey Sancho IV, heredó a la muerte de éste la villa de Cuéllar. Esta ciudad fue siempre leal y lugar de refugio y defensa durante su perturbada regencia por la minoría de edad de su hijo el futuro rey Fernando IV.
Cuéllar y su castillo fueron testigos a mediados del siglo XIV de la farsa protagonizada por Pedro I el Cruel y secundada por los obispos de Ávila y Salamanca. Los obispos declararon nulo el matrimonio anterior habido con doña Blanca de Borbón para que el rey se pudiera casar de nuevo con doña Juana de Castro viuda de Diego de Haro. La duración de este matrimonio se limitó a la noche de bodas, tras la cual el rey huyó abandonando a la nueva esposa.
En 1464 Enrique IV entregó la villa a su favorito Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque y desde entonces el destino de la ciudad estuvo siempre unido a esta familia.
Durante el siglo XVII Cuéllar experimentó un gran retroceso y decadencia, lo mismo que ocurrió en casi todas las antiguas villas que fueron sede y refugio de los reyes antes de que éstos se inclinaran por una sola ciudad (Madrid), donde residía la Corte. En el siglo XVIII y gracias a las normas dictadas por Carlos III para el reparto de tierras concejiles, la ciudad se recuperó social y económicamente. Más tarde, el paso de los franceses en los años 1808 y 1809 supuso una funesta situación. Fueron saqueados los templos y sus tesoros y expoliada toda riqueza, como la colección de joyas históricas y de armas que se guardaba en el castillo.

Castillo-Palacio de Cuéllar
Estilo gótico renacentista. Plaza de Armas con galería de piedra barroca y blasones. Interesantes torres y patio interior.

Iglesia de San Esteban
De estilo románico con magnífico ábside, sepulcros gótico-mudéjares y retablo.

Iglesia de San Martín
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