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Bonito pueblo medieval que todavía conserva todo su encanto.
Treinta años más tarde, Alfonso el Batallador conquista los reinos de Tudela y Zaragoza y ante la falta de acoso musulmana, Ujué entra en decadencia y muchos de sus vecinos emigran hacia la llanura. Al entronizarse en Navarra los reyes de la Casa de Evreux, Ujué vuelve a recuperar su importancia, pues los reyes Carlos II el Malo y su hijo Carlos III el Noble manifestaron su predilección por el santuario mariano de Ujué. Carlos II mandó erigir la iglesia gótica, así mismo pensó en dotar a Ujué de una universidad o Estudio General. A tal fin se iniciaron las obras que, años mas tarde, se abandonarían por falta de recursos económicos. También mandó hacer el revestimiento de plata de la imagen. Pese a que este rey pasó a la historia con el sobrenombre de "el Malo", amó Ujué y a su Virgen, a la que donó su corazón el cual se conserva en la actualidad en una arqueta en la cabecera de la iglesia.
Su hijo, Carlos III el Noble, organizó frecuentes peregrinaciones al Santuario de Ujué, desde su corte de Olite-Herri Berri. Esta costumbre la mantuvo su hija, la Reina Doña Blanca de Navarra, quien al morir, ordena en su testamento ser enterrada en la iglesia de Ujué. Esta disposición testamentaria no se cumplió, probablemente por las guerras civiles que por aquellos años ensangrentaban el Reyno, y Doña Blanca quedó enterrada en Santa María de Nieva en donde falleció.
Doña Leonor, hermana de Doña Blanca, interviene para frenar la decadencia de Ujué, tras su segregación de Pitillas. Organiza varias peregrinaciones al Santuario y libera de impuestos a todos los vecinos de la villa. En 1482 se inicia un nuevo resurgir de Ujué. Con la conquista de Navarra por parte de la Corona de Castilla se produce un aumento de la población de Ujué. La orden de derribo dada por el Cardenal Cisneros de la fortaleza, no se cumplió y la iglesia con sus dos torres almenadas y su cinturón defensivo permanecieron y se conservan en la actualidad como estaban antes del expolio del Reyno de Navarra. Hacia el año 1533 Ujué contaba con una población estable y ésta crece ligeramente hasta finales del siglo XVIII, en que se derriban sus murallas y ya tiene 170 casas habitadas. A finales del siglo XIV el Papa Clemente VII ordena que la iglesia de Ujué sea reintegrada al obispado de Iruña.
El Santuario de Ujué fué atendido por clérigos de la Orden de San Agustín hasta el siglo XIII en que pasó a manos de clérigos seculares. De aquí procede que los párrocos de Ujué sean llamados Priores, por justo título concedido por el Papa Pío V. El priorato de Ujué fué polémico. En 1570, Felipe II concede a la catedral de Barbastro los prioratos de Larraga, Funes y Ujué, con las consiguientes protestas de los ujuetarras. Felipe V reconduce la situación y decreta los derechos de los solicitantes. En 1711 se quiso dejar sin efecto el privilegio de Dña. Leonor, pues se trató de obligar a la Villa de Ujué a que pagara sus antiguas pechas al estar en bancarrota la Hacienda Real, tras acometer la guerra de Sucesión. Como los ujuetarras tomaron partido por Felipe V, éste espide una real cédula firmada en el Buen Retiro y fechada en 20 de Noviembre de 1712 "ordenando al Tribunal de la Cámara de Comptos el sobreseimiento de los embargos a la villa de Uxue".
Ujué sigue creciendo en población y riqueza de tal manera que aparece citado en el censo de las Cortes de Navarra de 1818 entre las villas más prósperas. El crecimiento continúa durante las dos primeras décadas del siglo XX y el año 1929 se lacanza la cota máxima con 2.009 habitantes.
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