Como muchas localidades cercanas, el origen se debe al pastoreo segoviano.
Como prácticamente la totalidad de la península Ibérica, el Molar fue ocupado por los árabes. Quedan testimonios de la etapa emiral, pues formaba parte de la llamada Marca media del Tajo, y estos constituyen una serie de pajares en diferentes despoblados, como el del Cerro o el de los Ardales. También quedan restos de la ocupación mudéjar, que están documentados en el recuento realizado por el Conde de Salazar de los moriscos castellanos a su paso por Burgos. La citada población, tenía un fuerte carácter rural y agrícola, dedicándose principalmente a la explotación de la tierra.
Después de la Reconquista y la posterior repoblación en época de ALFONSO VI en 1085, el Molar pasa a pertenecer a Talamanca y con ella al Arzobispado de Toledo. Desde entonces se acepta una nueva nomenclatura toponímica, derivada de su situación geográfica, como es el caso de Valdepiélagos, Valdetorres, que derivan de valle o el Molar, que deriva de Mola.
El Molar dependió de la cercana Talamanca hasta 1564, fecha en que Felipe II le concedió el Villazgo a Don Antonio de Equino y Zubiarre y su esposa, naturales de Azcoitia, Guipuzcoa. Tres años después se efectuó el deslinde del territorio entre Talamanca, El Vellón y Valdetorres.
Sus vecinos debieron dedicarse con esmero a la agricultura de cereales y a la ganadería, como habían hecho hasta entonces. De su trama urbana podemos decir que era de corte medieval. Debía estar centrada en un núcleo formado por una Iglesia y las dependencias de los señores del lugar. No quedan restos de aquellos, pero debieron ser de factura gótica de transición al Renacimiento, pues datan de 1597.
La ubicación Geográfica de El Molar junto al antiguo camino de Francia, fue causa de numerosos acontecimientos históricos que marcaron el futuro de la población; en Enero de 1710 los ejércitos Ingleses del Archiduque de Carlos de Austria, arrasan la villa en su marcha hacia Madrid.
Tampoco quedan evidencias significativas de la villa a lo largo del siglo XVII. Es por tanto de suponer que no existieron grandes cambios. Pero, el siglo XVIII nos ha dejado diversos documentos que permiten seguir el devenir del pueblo durante ese periodo.
En 1753, en el catastro del Marqués de la Ensenada, El Molar pertenecía al señorío de Veroiz, integrado en la provincia de Guadalajara. El casco urbano estaba integrado por la plaza principal, formando grandes manzanas escasamente edificadas. Algunas de aquellas casas aún perduran. Se conservan también las llamadas Cuevas del Vino, que ya entonces eran utilizadas como bodegas. En cuanto al manantial de aguas medicinales, conocido como de la Fuente del Toro, se sabe de su existencia desde 1697, que empiezan a documentarse gracias a la cantidad de visitantes que se acercan a probar sus aguas.
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